México

Show must go on

Palenque, México

¡Hola otra vez, selpimenteros! Me ha costado la vida volver a abrir el portátil e intentar escribir algo alegre con tanta pupa. Hace un mes que no actualizamos, pero era necesario lamer las heridas desde que nos enteramos de que Sira no está. Me costó mucho aceptarlo y leer ánimos desde lejos, bien intencionados eso sí, del tipo «seguro que aparece» o «solo es un perro». Es mi familia. Y duele. Mucho. Punto.

Muchísimas gracias a todos los que compartieron sus fotos o hicieron algo para intentar encontrarla, en especial a Matepeca, Tanieta y Sheila. Y gracias, Ratita, porque te tocó aguantarme y lo haces bastante bien para ser un roedor. Los quiero ♥

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Me diste la vida, petita gruñona
El tiempo pasa y la tristeza se digiere como se puede, la belleza de estos lugares no nos deja olvidarnos al menos una vez al día de que estamos viviendo un sueño y tenemos que hacer lo que esté en nuestras manos para aprovecharlo. Así que eso pretendo al retomar el blog y volver a la normalidad. Fueron semanas rarísimas pero aun así tenemos mil cosas que contar, quizás demasiadas, así que voy a intentar dar solo unas pinceladas.

Así seguimos la ruta:

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TULÚM Y AKUMAL

Fuimos a Tulúm a ver sus famosas ruinas que miran al mar. Son pequeñas y poco impactantes pero tienen la magia de los mayas con el Caribe como fondo.

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Tulúm es algo más tranquilo que todos los lugares de donde veníamos, más bohemio, pero igual de caro. Tiene dos partes bien separadas, el pueblo (asequible) y la playa (precios desorbitados), por lo que lo más conveniente fue tener bicis para movernos entre uno y otro con facilidad. Aparte de un susto que nos llevó al hospital, que más bien parece una oficina llena de archivos empolvados y gente hacinada, y de nuestra primera experiencia autostopera a manos de un chalado que casi atropella una bici mientras sus parlantes sonaban bien fuertes al ritmo de Sia, todo fue bastante tranquilo.

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Cenote Tortuga
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Laguna Campechen, Sian Kaan

A media horita al norte está Akumal, paraíso de tortugas, donde fuimos a pasar el día. Otra vez nos decepcionamos cuando nos indicaron la minúscula zona delimitada de arena donde podíamos sentarnos, ya que el resto es privado y/o concedido, y además hay una guerra abierta entre el Centro Ecológico y el pueblo, ya que quieren frenar la degradación de corales y tortugas por el turismo masivo. Es una pena ver cómo lo estropeamos todo. No quisimos formar parte de ese espectáculo así que fuimos con nuestro snorkel por nuestra cuenta fuera del «zoo de tortugas» y nadando, nadando, encontramos una preciosa. Son tortugas enormes, que van acompañadas de su  particular cardumen de peces mientras comen algas y salen cada poquito tiempo a la superficie a coger aire con sus naricitas bonitas.

MAHAHUAL

Últimamente decidimos dejarnos llevar por recomendaciones mochileras, y más de uno habló sobre este pequeñito pueblo de pescadores. Solo tiene tres calles a lo largo de la costa y a partir de ahí pequeñas callecitas. Es genial para los que amamos el mar porque todo se hace andando y se puede disfrutar de tanta playa como quieras a tan solo cinco minutos desde cualquier punto. A pesar de su tamaño, super turístico. Así que teníamos casi decidido ir a Guatemala bien pronto, a buscar un poquito de paz. Pero… aquí nos reencontramos con un mexicano que conocimos en Tulúm y nos recomendó efusivamente que abandonáramos la idea de ir a Guatemala tan pronto y que le diésemos una oportunidad a Chiapas, un mundo totalmente diferente según él, con gente abierta y cercana, y precios reales. ¡Es imposible no cambiar de opinión cada semana! Los ocho meses planeados para este viaje se nos van a quedar muuuy pero que muuyyy cortos.

Mientras pienso qué hacer con mi vida, o precisamente tal vez para no pensar, me he puesto a probar qué es esto de tejer, y me ha salido un pequeño monstruito que ha sido un éxito. Me lo quisieron comprar en un restaurante, así que lo regalé a una bebé llamada Alexandra 🙂

BACALAR

Era la primera vez que nos alejábamos de la costa pero con mucho optimismo para ver una de las maravillas de las que tanto nos habían hablado: la laguna de los siete colores. Es increíble. Pasamos nuestros mejores días a la orilla de esta laguna y es nuestro sitio preferido hasta ahora. Es el Caribe con agua dulce, lleno de paz, alejado de masas, lejos de guías y vendedores sedientos.

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Tuvimos la suerte de llegar tarde, no encontrar camas donde planeábamos y acabar en el camping Yaxche, de Edmundo y su familia. Nos sentimos realmente como en casa y pasamos una semana fantástica cargada de tranquilidad, risas y nuevas experiencias. Ahí conocimos a gente divina, de acá y de allá, y al final nos juntamos en un gran y loco grupo para disfrutar del lugar. Fuimos todos juntos a pasar la noche al otro camping Yaxche a la orilla de la laguna a celebrar el cumple de Natalia delante de una hoguera entre risas, confesiones, mímica y un asado bien rico. Lástima que se fueron todos prontito a seguir viaje. Nati, Clari, Matheus, Rubén, Augusto y Renata, esperamos volver a verlos en alguna parte del globo.

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De vuelta en el pueblo, Edmundo nos obsequió una noche con un poco de cultura maya. Hizo una hoguera alrededor de la que nos sentamos todos los huéspedes bajo la luna llena. Allí nos contó que era ritual maya, con luna llena y la presencia de los cuatro elementos quemar todas las cosas malas que nos pasaron el ultimo mes y guardarse en el corazón los mejores deseos para uno mismo y la humanidad para el mes próximo. Liberador. Dicen que hay que volver a esa laguna…

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CALAKMUL

Después de saltarnos las ruinas de Chichen Itzá por las hordas de turistas que reciben a diario, estábamos preparados para nuestra primer gran aventura maya, las ruinas de Calakmul. Una vez más, no formaba parte de nuestro itinerario hasta que unos españoles del hostel nos dijeron que iban a ir y que parecía impresionante. Y lo es. Después de caminar 7 kilómetros con las mochilas y estar destrozados llegamos a un camping en la mitad de la nada, lo más cercano a las ruinas. La mala suerte hizo que llegaramos de noche, sin dinero casi y derrotados (no hay cajeros, ni internet, ni siquiera señal de móvil), y la super buena suerte hizo que Alan, un hippie canadiense nos echara una mano en todo lo que pudo. Nos prestó dinero, y nos llevó durante muchas horas aquí y allá con su coche de alquiler para que podamos disfrutar de las ruinas, comer bien rico y sacar dinero para seguir el viaje.

Calakmul es impresionante… No había más de 10 personas en todo el parque, nos despertamos acojonados con monos aulladores, vimos monos araña, ciervos, conejos, pavos ocelados y animales imposibles de identificar.

Y eso es todo por ahora, esperamos actualizar prontito y seguir contando nuestras aventuras aquí en Palenque con más dulce que picante.

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Asta hotra, hamigos ♥

 

 

 

 

 

 

 

 

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